Confieso que casi no he leído a mis contemporáneos, cuando esto ha sucedido ha sido puro accidente, ya sea porque sus cuentos o fragmentos de novela aparecieron en alguna revista de circulación gratuita, o porque me ofrecieron alguno de sus libros en una rifa, en la que el premio principal era algún gadget, a modo de consolación.
Llegué a Carlos Velázquez por un texto que recién publicó Valeria Luiselli en Nexos, en el que decía que el mentado era uno de los escritores más talentosos de su generación.
Como Valeria me parece una mujer joven, guapa e inteligente y yo tengo como estúpido axioma hacerle siempre caso a cualquier ser humano con dichas características, fuí a la librería y pedí el libro más reciente del susudicho, que no tenían, por lo que entonces compré el anterior, titulado: La Biblia Vaquera.
Mi primera impresión es que Velázquez no discrimina entre sus influencias, todo, absolutamente todo lo que ha visto, escuchado, leído, comido, bebido, caminado, bailado, aspirado, fumado, etcétera; se refleja en su escritura.
Valeria se queja de que los críticos encasillan su obra dentro de la “identidad norteña”, pero yo pienso que no son los críticos, es él. Todos los estereotipos sobre como “es y deber ser” el norte mexicano de principios de siglo, están ahí: drogas, hombres broncos, mujeres más broncas, narcotráfico, tortillas de harina, carne, dj’s, en fin.
Carlos Velázquez es un autor pop, con cierto tufillo underground, que adopta todo lo proveniente del mainstream, para parodiarlo, satirizarlo, o incluso alabarlo sin disimulo. Es muy valiente ante el lenguaje, su prosa, de mucho ritmo y musicalidad, se basta sola para pintar escenas frecuentemente hilarantes.
Me gustaría sin embargo verlo salirse de su zona de confort y atreverse a narrar otros lugares, sentimientos y personajes. Quizá con el mismo estilo, pero vamos, como reto le propondría pintar por ejemplo, algo que llame a la pura y llana tristeza.
Por lo pronto, La Biblia Vaquera me pareció un libro sumamente divertido, bastante recomendable y erudito a su manera. Un objeto que se deja querer.
Un clásico de Mafalda en donde se aborda uno de los tópicos más recurrentes en la sección de mapas de este Tumblr: la ubicación del norte y el sur.
Para + información véase especialmente:
por Antonio Bertrán.
Excelente semblanza de uno de los mejores escritores mexicanos y latinoamericanos de los últimos años, fallecido el día de ayer: Daniel Sada.
Siempre dije que si alguien podía escribir la gran novela mexicana de este siglo, ese era Daniel. La muerte nos privó de ese placer. Como quiera, el tiempo le alcanzó para dejarnos un puñado de obras geniales. En paz descanse.